viernes, 15 de febrero de 2008

El segundo sexo La República 14/2/2007


El recientemente consumado affaire del presidente francés, Nicolas Sarkozy, con la ex modelo y cantante italiana Carla Bruni, revela un sentido del gusto y una meditada insolencia perfectamente acordes con la larga lista de contribuciones de su país a la cultura occidental.

Lo paradójico es que sea en la misma Francia en la que Simone de Beauvoir se atreviera a deconstruir "la naturaleza femenina", "la vida monogámica" y otras invenciones sobre las que se erige nuestra civilización, donde la mezquindad de los instintos conservadores ha aflorado con mayor virulencia. Así, numerosos críticos han sugerido que en función a su historial y deficiencias curriculares, Carla Bruni no merece más privilegio que el de ser "la favorite". Bajo este supuesto, la discreción con la que François Mitterrand lidiara con su amante e hija ilegítima ha sido alabada por multitud de socialistas como una ejemplar muestra de refinamiento. Quien recuerde, sin embargo, la mirada de Pilar Nores el inexorable día en el que las infidencias de su marido salieron a la luz, tendrá evidencia suficiente para sospechar que detrás de esta invocación a las buenas costumbres, se encuentra nuestra ancestral predilección por los dobles estándares.

Parecemos no ser conscientes de la aporía que presupone favorecer el avance femenino en el ámbito educativo y laboral y, al mismo tiempo, persistir en el culto a la mujer estoica, cuyo deber es callar la humillación e inmolarse en nombre de la Familia, el País y otros artificios escritos con mayúsculas.

No imagino a la nueva esposa del presidente asumiendo dicho rol ni hipotecando su felicidad a los intereses de la Quinta República. No dudo tampoco que, ante un eventual atentado a su dignidad, se alejará altiva como la Libertad de Delacroix, recordándole al Estado que es él quien debería estar a su servicio y dándole a todo su género una lección de dignidad que ningún doctorado en la Sorbona o ceremonia oficial podrán jamás reemplazar.

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