
Hoy, hace 160 años, el fantasma del comunismo recorrió Europa por primera vez. Considerando la suerte que hoy corre el pensamiento de Marx y el hecho de que la última efigie del socialismo se haya retirado hace dos días del poder, la metáfora no podría haber sido más desafortunada.
Es innegable que el estilo panfletario del Manifiesto Comunista ayudó a sellar dicho destino y reducir la colosal obra de Marx a ese conjunto de sentencias incendiarias que tanto seguidores como detractores emplean con la misma banalidad. Sin embargo, una lectura atenta de la obra revela alguna de las intuiciones más geniales sobre el destino de la sociedad capitalista y las características que distinguirían a la auténtica revolución de los desvaríos románticos de los anarquistas o los autoritarismos encubiertos, como el que hoy parece llegar a su fin en Cuba.
Así, esta obra de 1848 describe el proceso mediante el cual el capitalismo derribará todas las fronteras del estado nación y eliminará toda particularidad cultural que no sirva a sus propósitos. Escasa sorpresa mostraría Marx si supiera que la misma China, que en 1847 fue invadida y obligada por la primera potencia narcotraficante de la historia a abrir sus fronteras al libre mercado, amenaza hoy con dominarnos a través de la fibra óptica y las fusiones corporativas. Este último elemento es esencial para entender el profundo desprecio de Marx por las anarquistas que querían destruir las fábricas o por quienes abogaban por un retorno a utopías agrarias. Estos olvidaban que es en la era del capital en la que la libertad humana ha alcanzado límites inimaginables y que la cuestión no es, por lo tanto, renegar de ella, sino romper el monopolio ejercido sobre esta por una pequeña minoría. Solo cuando el capital haya desplegado todas sus posibilidades, será concebible la revolución cuya meta final es la universal expansión de la diversidad y posibilidades creativas del hombre y no su confinamiento a una pequeña isla del Caribe.
Nota: Lamento que en la edición de hoy de La República, algún censurable corrector haya puesto un "de" de más en la segunda línea de mi columna. Pido las disculpas del caso.
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