
De acuerdo al relato bíblico, la esperanza de alcanzar la tierra prometida permitió a los israelitas sobrevivir los cuarenta años en el desierto que siguieron a su liberación de Egipto. Hoy, tras 50 años de un destierro sin peregrinaje, los palestinos recorren esa misma senda armados con expectativas mucho más modestas .Es, por el contrario, la amenaza del hambre lo que los lleva a someterse a la dudosa benevolencia de los ex –faraones, quienes, presionados por sus antiguos súbditos, han prometido reestablecer el orden fronterizo.
El historiador Flavio Josefo narra en sus crónicas la terrible destrucción que trajeron las Legiones de Vespasiano a Galilea y la heroica lucha del pueblo judío por preservar sus creencias y autodeterminación. Hoy, el primer Ministro israelí, Ehud Olmert, recibe la venia del César de la nueva Roma para imponer una paz destinada a cambiarlo todo, con el fin de que todo siga igual.
En 1935, las leyes de Nuremberg privaron de la ciudadanía a los descendientes de Spinoza y Marx y establecieron el precedente para el Holocausto más terrible del siglo XX. Tras una ardua labor de análisis y rememoración, la tragedia que dio origen al derecho internacional moderno se convirtió en parte esencial de nuestra conciencia colectiva. Hoy, en CNN, un habitante de Gaza confiesa sentirse tratado como un subhumano, ya que carece de los derechos y servicios que, en sus propias palabras, disfrutan incluso los animales domésticos en Israel. Su historia, sin embargo, nos es ajena, su sufrimiento no es candidato a protagonizar una película de Spielberg y las leyes que perpetúan dicha inequidad no han sido llevadas ante ningún tribunal internacional.
La reflexión histórica consiste en obtener máximas universales a partir de circunstancias específicas. Sin este esfuerzo se corre el riesgo de caer en el mero fetichismo o la monopolización del dolor, perpetuando lo que por momentos parece ser la inexorable tendencia de la Historia a repetirse a si misma.


